domingo 12 de diciembre de 2004

Protect me from what I want

Diciembre es temporada. Los artesanos lo saben y comienzan a subir desde Guatemala o más abajo, porque el dinero está en México. Hoy el patio de la casa parecía un pequeño rainbow; una docena de rastafaris (entre artesanos y turistas) trabajando en comunidad, gente de Italia, Bélgica, Francia, Venezuela, Brasil, Argentina y hasta algún chileno desorientado, compartiendo técnicas y secretos manuales.

Diciembre trae también el frio; todavía no me acostumbro a la navidad helada, y encima ahora llueve, aunque la temporada húmeda terminó hace un mes. Todos visten la reglamentaria parca mesoamericana, barata y muy efectiva, y ya se ven mas gorros y bufandas por la calle.

Hoy es el dia de la Guada, la virgencita morena que cuida a los mexicanos. En la cocina hay festejos, mucho mas paganos, donde igualmente abunda el tequila y la cerveza; escucho una tenue música clásica, extrañamente, y de fondo los arrítmicos petardos que estallan sobre la iglesia de la Guada, como a kilómetro y medio de acá. Acaba de pasar la medianoche, y seguramente ya le cantaron las "mañanitas", la canción de cumpleaños que tradicionalmente se le canta. En el noticiero hablaban de "millones" de fieles peregrinando a la capilla de la Guada, en el DF; supongo que la escala de San Cristóbal no permite tal congregación, y teniendo en cuenta el frío que hace, debe ser muchísimo menor.

La única forma aparente de combatir dicho frío parece ser el alcohol, y a mí se me ocurre abandonarlo la semana pasada. La gente en la cocina está considerablemente abrigada por dentro, y el delivery acaba de traer la quinta botella de tequila, por lo que calculo que mañana va a ser un dia muy tranquilo, con todos en estado de resaca tirados en las hamacas y escuchando música bajito.

Extraño un poco la calma de la temporada baja. En la casa tengo 29 personas ahorita, y hasta mitad de enero no va a cambiar; incluso puede entrar más gente, si se aprietan. Pero de todas formas me encanta, los que se quedan aquí tienen una magia especial y eso se nota y te nutre dia a dia. Hoy los miraba, todos reunidos alrededor de la enorme mesa de la cocina, completos desconocidos, bromeando y riéndose como niños, como amigos de toda la vida. En esta mesa mágica, el corazón de la casa, he visto israelitas abrazarse con palestinos, alemanes hablar críticamente del holocausto con judíos, gringos cantando canciones de protesta, chilenos reconociendo las cosas buenas de Argentina y viceversa y hasta a mi vieja dándole consejo médico a una sueca. He visto nacer cenas y cocinarse amores, entre idiomas impensables. He encontrado grupos de amigos que merecen congelarse en el tiempo, y gente que se tiene ganado un lugar en el infierno.

Historias, cientos y cientos de historias, cada una merecedora de una novela. Sobre todo los que vivimos viajando, parece que todos tenemos un balde de mierda en nuestro pasado que nos hizo dejar todo y agarrar la mochila y la ruta: mal de amores, pobreza, violencia, hastío, rutina, incluso la religión. La gran mayoría probó la vida de "derecha" y no le gustó; ahora hacemos terapia en el camino. Y cuando nos encontramos, tratamos de darnos todo el amor y el apoyo que se pueda, porque sabemos lo que es andar solos. Entonces nace la magia, la familia temporaria que te cuida y te mima, y se deja cuidar y mimar a la vez. Por eso hace un rato muchos de estos borrachos que se ríen en la cocina me hicieron emocionar, al abrazarme llorando y diciéndome que se sentían en casa por primera vez en mucho tiempo. Y se quedan, dicen que mañana se van, pasan semanas yéndose y no pueden.

En la cocina hay una pintura que representa a la perfección la comunidad de Casa Babylon, mi casa. Hay una torre espiralada, la de Babel, por la que suben personas de todos los colores, extraterrestres, locos, incluso el Papa, hasta encontrarse con un Dios con cara de bueno, sonriendo con un porro en la mano. Acá no pretendemos la utopía de ser todos iguales, sabemos que no es así, pero nos aceptamos tal cual somos. Es la única forma de lograr la paz y la armonía que reinan en la casa, una pequeñísima hermandad que desconoce pasaportes y fronteras.

Este ha sido definitivamente el mejor trabajo de mi vida, y lamento que tenga que terminar, pero ya tengo ganas de desmexicanizarme un poco y moverme a Guatemala, guey. No lo voy a hacer sino hasta después de las fiestas, las del año pasado fueron bastante patéticas y quiero que éstas sean memorables. Sin embargo, San Cristóbal se queda con un cacho enorme de mí, un pedazo que voy a tener que venir a buscar alguna otra vez.

Hace trece meses que empezó blurp. O sea que el mes pasado fué el aniversario, pero estaba tan ocupado festejándolo que me olvidé de postear. Un año en el que no he dicho gran cosa (las estadísticas dan risa); los pronósticos muestran una leve mejoría esporádica, pero nunca confíen en los pronósticos.


Tanti auguri.