Ahorita se está copiando un disco del Señor Coconut en el fondo. Seguirá Massive Attack, y tal vez uno o dos discos mas, que terminarán en un cd de mp3. El último del df.
Y estos últimos días que me recuerdan mucho a los últimos en Córdoba, corriendo como un enfermo de un lado a otro, saludando algunas personas, quedando mal con otras, vendiendo o enviando lo poco que me queda... es la segunda vez que desmantelo una vida para intentar una nueva, pero esta vez lo hago por mí, y esta vez no va a aparecer nadie para quedársela.
Atrás mío está Mochila v2, mi nuevo cuate en este viaje. Mucho mas fuerte, mucho mas grande y mejor equipada que Mochila v1.5, que está en camino por la via fácil a Argentina. Y Mochila v2 espera intranquila mientras se queman los cds, en espera de agarrar la ruta nuevamente.
Mochila v1.5 cumplió su cometido. Chiquita, barata y bien luchadora, soportó varios miles de kilómetros y dos o tres cirugías reconstructivo-expansivas. Salió conmigo del df, durmió en Acapulco y descansó en Puerto Escondido. Extrañó la sal del mar en San Cristobal y se empapó en la selva de Palenque. En Bacalar, esa preciosa laguna al sur, tuvo su reposo merecido y le cedió a mi bolsito azul el privilegio de ver el Caribe sólo por una mañana. Cabalgó en camionetas y trailers, juntando tierra de varios estados mexicanos.
Llegó la hora de jubilarla. Ese viaje-prueba que como bumeran me trajo al df de vuelta ya terminó. Sirvió para más de lo que esperaba. Ese viaje nacido del odio y del resentimiento se convirtió en una forma de vida, de descubrimiento para afuera y para adentro, en algo en lo que nadie puede derrotarme mas que mi voluntad misma.
Y el bumeran se convierte en flecha. Porque ahora empieza EL viaje, el más largo que alguna vez haya encarado. Salgo en un rato para el norte, a un pequeñísimo pueblo llamado Wadley, en San Luis Potosí, con un pie adentro del desierto. Ahí, donde los huicholes se hacen atender por el doctor Peyote en el hospital de la tierra y el viento habla las voces de los miles de fantasmas que allí habitan.
Después vendrá Guadalajara.
Y Michoacán.
Guerrero, Oaxaca y otra vez el eterno San Cristóbal, en Chiapas.
Seguramente Yucatán.
Después Guatemala.
Y Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
De alguna forma cruzaré a Colombia.
Y a Ecuador, Perú y Bolivia.
O Venezuela y Brasil, quien sabe.
No tengo mucho apuro. Tampoco mucho dinero, pero eso es lo de menos. Si tuviera una tarjeta de negocios, no diría "Analista de Sistemas", sino "Artesano en vias de desarrollo". Por eso Mochila v1.5 se lleva mis cds y mis manuales, mientras que v2 carga alegremente con el peso de los hilos, los alambres, las pinzas, las semillas y las cuentas. Y una carpa, una bolsa de dormir, poquísima ropa y un montón de lugar para las esperanzas.
Volver con la frente marchita es patético. La frente debe ir en alto, el pecho hacia adelante y la sonrisa indeleble aferrada a la cara.
Ahorita empieza el baile. Gracias por seguir ahí.
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