Hoy es dia de visita de hijos en la ford. Los "chamacos" tienen la oportunidad de visitar a sus padres en sus puestos de trabajo.
Yo soy programador, y trabajo para una empresa que hace sistemas para la ford méxico. Sé que mi trabajo es debe ser de los menos excitantes en el mundo, al menos para la gente de afuera.
Imagino un doctor llegando a su casa y diciendo: "hoy le transplanté un riñón a un tipo y logré estirarle la vida unos cuantos años".
O un bombero, contando como salvó miles de hectáreas del fuego, o la vida de alguien, sin ir mas lejos.
Si yo tuviera que contar mi dia de trabajo ante mi familia sería algo así:
"Já, hoy dejé a la ford sin extranet como por diez minutos!" (codeando al que esté mas cerca de mí en la mesa)
o
"Se acuerdan del sistema de carga inicial de control de contratos? Ahora corre un 20% mas rápido!"
Estupideces. Trivialidades que no dicen nada.
Entonces se me hace raro ver niños por acá. El piso de sistemas es un laberinto con docenas de computadoras y toda la frialdad de un corporativo: cubículos beige, alfombras grises y luces fluorescentes por doquier. Los niños se aburren, y con razón; pasarse la mañana viendo a tu viejo optimizar un store procedure o a tu mamá armar un project es un ataque directo a tu diversión.
Y así, entre compilación y compilación, me dieron ganas de ir al baño. No muchas, las necesarias como para estirar las piernas un poco. Me planté frente al mengitorio, no muy convencido, y añorando la falta de naftalina para jugar un rato.
Me llamó la atención un tipo parado frente a los inodoros, con las manos en los bolsillos y un poco de cara de verguenza. Pensé que estaba en apuros, esperando que se desocupe algún trono. Cruzamos un saludo nervioso y obligado, típico de baño, subiendo y bajando la cabeza como guapos de milonga.
Y mientras elaboraba mil y un teorías acerca de la vagancia del hombre y la necesidad de poner sensores infrarrojos que tiren la cadena por uno, escuché
"No importa que me haga grande, papá, siempre te voy a querer"
Fuí girando la cabeza despacito, mientras se me dibujaba una sonrisa al ir entendiendo la situación. Me encontré un papá con los ojos mojados, queriendo meter las manos y creo que hasta él mismo aún mas profundo en sus bolsillos, hamacándose lentamente sobre sus zapatos de vestir. Mis ojos se mojaron con los suyos al ver dos zapatitos balancearse por debajo de la puerta del sanitario.
Me sentí chiquito, insignificante, un cacho de nada parado frente a un monumento al orgullo. Me reí, por hacer algo, y él sonrió conmigo.
"De qué te ríes, papá?" preguntaron los zapatitos.
"De nada hijo. De nada" contestó el nudo en su garganta.
Levanté la mano y lo saludé, en silencio. Una de las suyas abandonó el abrigo de sus pantalones y me devolvió el saludo.
Lo dejé ahí, parado en el baño, llorando para adentro y brillando de orgullo para afuera.
Que difícil explicar estos sentimientos.
Tengo una amiga, una dulce amiga que aprendió a volar hace años. Dice que me admira, no sé muy bien porqué. Ella es Mamá. Así, con mayúsculas. Tiene un capullito, un paquetito de vida a su cargo. Un proyecto de ser humano que algún dia va a ser enorme, tanto como su Mamá. Y ahora viene el segundo, un "no sabemos qué" que le hace mimos desde adentro.
Hoy por hoy es la persona que mas admiro en el mundo, y no puedo explicarle o explicarme bien porqué.
A lo mejor, porque ya me cansé de superhéroes. De poderes mágicos, de fuerzas sobrehumanas.
Porque si tengo que elegir mi superhéroe favorito, estoy seguro de que ella no aparece en ningún catálogo.
Supongo que tanto potencial me sobrepasa. El poder de dar tanto amor todo junto, el de aceptar la tremenda responsabilidad de encargarse de esos paquetitos de plastilina listos para ser alguien, de poner en juego su vida para darles una oportunidad a estas personitas en blanco de visitar nuestro mundo y enseñarles que no es tan malo como parece.
Esos son huevos en serio, y al que diga lo contrario le lavo la boca con jabón.
Yo estoy empezando a levantar una carpa, mas parecida a una de circo que a una de campaña. Ella es la artista encargada de esculpir dos colosos, dos esperanzotas de que se pueden hacer bien las cosas, aunque a veces la vida se empeñe en demostrar lo contrario.
Y todavía me pregunta porqué la admiro...
El mail es una herramienta complicada para transmitir emociones. Hablar por teléfono es carísimo y lo hacemos poco. Pero cuando me habla de sus hijos, la voz le cambia: una ternura abrumadora y a la vez la fuerza de una leona dispuesta a todo por sus cachorros. Supongo que eso es amor verdadero, amor de sangre.
.
.
.
.
.
.
......Y todavía me pregunta porqué la admiro...
jueves 11 de diciembre de 2003
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada